Este es el gran dilema del rugby español. En unos dias contaremos con las respuestas de algunos de los grandes entendidos del rugby en este país, pero me gustaria abrir un debate sobre las dos vias que existen en el desarrollo de este deporte.
Creo que esta claro que para poder competir, o mejor dicho, para poder ser competitivos, debemos masificarnos, tener más donde elegir, que un tio de dos metros se haga tercera en lugar de pivot, que un tio de 100 kg no se haga pivote de balonmano y se haga un primer centro contundente… que en vez de 200 niños jueguen 20.000.
Mi humilde opinion es que son dos ideas imposibles de mantener juntas. Si queremos ser grandes perderemos valores y si mantenemos los valores, perderemos competitividad al seguir anclados en el siglo pasado. Siempre he creido que el rugby, tal y como se concibió, es el deporte amateur por excelencia, el que más lejos lleva los valores que lleva implícita la palabra deporte y como tal, si se introdcen otros objetivos, se pierde gran parte de se encanto.
Parto de la base de que sin duda alguna, y es algo de lo que nos enorgullecemos todos los que jugamos o hemos jugado a esto al nivel que sea, ideas y valores como el respeto al rival, al arbitro a los jugadores desde el lado del aficionado… son mucho mayores en el rugby que en otras disciplinas, pero hasta eso se va perdiendo. Para muestra un boton, el desconocimiento del reglamento por parte de los jugadores es excesivo, y sin conocer el reglamento no se puede respetar al arbitro.
La llegada de más gente a los campos, en muchos casos rebotada de otros deportes (e famoso termino de nuevo cuño “futbolización” ) y por lo tanto, con la influencia de los mismos hace que en muchos campos se silben las patadas a palos, se escuchen improperios desde la grada e incluso, que la noble tradición de los terceros tiempos se abandone del modo en el que se vivia antes y se convierta en una simple reunión en un bar. Y lo más penoso es que no se da a primer nivel sino que es algo que observo desde los campos de C. Universitaria en Madrid en ligas universitarias.
Puede que sea una visión demasiado pesimista pero hasta que no se marque la pauta a seguir, seguiremos estancados cogiendo vicios y perdiendo virtudes.