Arms Park III
Diciembre 13, 2007 by Phil BlakewayJPR Williams, Gerald Davies y JJ Williams, nada menos. A fe mía que como el artículo no podrá soportar tanta gloria, aunque lo prometido sea deuda, admiraremos hoy a los dos primeros y añadiremos para próximas entregas al nombre de JJ, el de dos dignos epígonos de aquéllos, Iuean Evans y Scott Gibbs, ya que no podemos dejar nuestro cronicón de los tiempos que fueron en la tierra del Dragón, sin estos leales caballeros. Habíamos hablado del fair-play y de su saber estar entre línea de marca y línea de marca y fuera del campo del honor. La dura forja a que eran sometidos, herederos de sangre y polvo negro de galerías sin fin, la entrega sin medida por sus pequeñas comunidades, trasunto al cabo de sus equipos de rugby, la fe de sus mayores rememorada cada domingo en melancólicos orfeones, en el templo y en el pub, contrasta descarnadamente con las noticias que, desolados, leemos sobre las siguientes camadas, las que insensibles al significado de su herencia, se dejan llevar por el efímero relumbrón del dinero y pierden los papeles y olvidan que muchos niños los admiran. Hasta en los terceros tiempos y celebraciones postpartido hay que saber estar, aunque padezca uno eso que los de las Islas predican de los Lores.
Gerald Davies, 46 veces internacional, es el ala del lado abierto por excelencia. El 14 de País de Gales. Davies debutó frente a Australia en 1.966, con derrota 11-14, y se despidió frente a los mismos Wallabies doce años después, perdiendo también, pero con una carrera envidiable con Gales, Cambrigde University, London Welsh, Cardiff y los Barbarians y 20 ensayos en partidos internacionales. Carwyn James, el entrenador poeta, decía de él que poseía una frialdad y una calma interior devastadora. Diagnosticaba a su oponente, diseccionaba la disposición del equipo contrario y en una centésima de segundo diseñaba su trayectoria. Para el rival ya era tarde. Había posado el balón tras la línea de marca. Durante sus dos primeras temporadas en el V Naciones vió como Francia ganaba el título, pero con Barry John al frente, se comenzaba a atisbar al Gales mítico. En 1.969 Gales ganó el Torneo, aunque un empate con los galos les privó del Grand Slam, claro que la fábrica de talentos ya estaba a pleno rendimiento. Por fin, en 1.971 llegó el triunfo sin ambages, con cinco ensayos de Gerald Davies, dos ante Irlanda, dos ante Inglaterra y uno ante Escocia, en el más duro partido de la edición, muy esquinado y que dejaba a Gales un punto por debajo. Afortunadamente John Taylor, el flanker patilludo y de desbocada perilla, transformó. Ese año fue British Lion por segunda vez, en la gira que les vió por fin ganar las series ante los All Blacks, con tres ensayos en los tres tests para Davies. En 1.972 Gales hubiera ganado otro Grand Slam de no ser porque no viajó a Dublín. Eran los años negros del enfrentamiento civil en Irlanda, con el ejército británico desplegado en apoyo de la Royal Ulster Constabulary en los condados del norte y los directivos galeses prefirieron la seguridad de Cardiff antes que cruzar el Canal de San Jorge. En 1.973 comenzaron tres años grises para Davies, como el quíntuple empate de ese mismo año en el Torneo, compensados por el Grand Slam 1.976, obra de Davies, Bennet y Williams, fundamentalmente. En 1.977, la Francia de Rives y Bastiat les arrebató la plaza y además nuestro hombre recibió un tratamiento especial del enorme y calvo tercera centro galo que acabó con sus huesos en el hospital de La Pitié-Salpetriere. Galés obtuvo, no obstante, otra Triple Corona.
Ese año Gerald Davies y Gareth Edwards pugnaron deportivamente por el entorchado de máximo anotador de la historia del rugby galés, con ambos empatados a dieciocho ensayos. Fue en el partido con Inglaterra cuando Edwards tomó ventaja y como uno de sus ensayos fuera desde una melé a cinco metros, Gerald, en la cena, le reprochó: “c’mon Gareth, from a scrum five, you’re not going to count that one are you?“. El Torneo de 1.978 resultó ser el último para Gareth Edwards, Phil Bennett y el mismo Gerald, pero se despidieron con clase al ganar otro Grand Slam. Tras la gira de verano de ese año, Gerald Davies, capitán, abandonaría el rugby internacional, quizá decepcionado por su mala suerte “down under” que dicen los británicos, pues casi nunca ganó en ese hemisferio y cuando pudo hacerlo, como en el segundo test-match con Australia de esa gira, un drop que no entró fue concedido por un evidentemente miope referee. Nadie protestó.
El periodismo deportivo parece el refugio de muchos gloriosos internacionales, y ha sido también su caso, para el Times, en esta ocasión. Sin embargo es de suponer que oiremos hablar de nuevo del más brillante de los Davies, que ya es decir, pues ha sido nombrado manager de los Lions para la gira a Suráfrica en 2.009.
John Peter Rhys Williams, JPR, de la hornada del ‘49, fue otro bastión del Gales que recordamos. Nunca mejor dicho: fue un zaguero temido por terceras de toda condición, por los psicópatas y por los elegantes, pues unía a su fuerte físico una inusitada afición al “cuerpo a cuerpo”. Tanto es así que en una gira de los Lions en la que varios terceras líneas, lesionados, no podían alinearse, logró de su entrenador aparecer durante todo un partido en el lado abierto de la melé. Aunque lo que recordamos más vivamente son sus contrapiés y cambios de dirección, no era raro verle encarar a un delantero y superarle en el choque. Algún español podrá dar fe de ello, pues aquí le hemos visto en el Central de la Universitaria de Madrid (no se por qué no en el campo principal, sino en el de atrás), jugando con unos denominados Barbarians españoles a primeros de los Noventa…
La imagen de enormes patillas y las medias caídas del zaguero merodeador aseguraban a la aguerrida masa de Arms Park que la máxima que dice que la defensa ataca al portador del balón se había de cumplir inexorablemente. Si añadimos una seguridad extraordinaria que hacía inútil cualquier “garryowen“, o peor, que lo convertía en contraataque fulgurante, tendremos una aproximación precisa al jugador decisivo que teme y respeta el oponente. Ese era el joven Williams, heterodoxo para los fundamentalistas de los últimos Sesenta, pero afortunadamente cuidado y protegido por el mismo Carwyn James. Una suerte para todos, pues, ganador como fue de Wimbledon en categoria junior en 1.967, qué fenómeno hubiéramos perdido para el rugby.
Paradigma de todo lo que narramos es el ensayo que construyó para Gareth Edwards en 1.971, año de Grand Slam, en el Stade de Colombes, cuando tras interceptar un pase del francés Bougarel, en la zona de “22″ galesa, corrió por la banda sesenta metros, quebró la cintura del zaguero francés, atrajo hacia si a otro defensor y pasó a Edwards para ensayar.
Mil veces hemos visto esta jugada del Ba-Baas v NZ de 1.973: no sólo destacaron Bennett y Edwards… Pase de Fergus Slattery, el flanker irlandés y JPR batiendo al zaguero kiwi Joe Karam. Más de noventa segundos de juego ininterrumpido, increible para una época de rugby sin especuladores y donde eran inconcebibles veinte o treinta fases de conquista seguidas…
Fue después, el año del quíntuple empate, cuando Williams pasó a ser JPR, al incorporarse como ala del “cerrado” otro John Williams, el anunciado JJ, ya veremos sus hazañas, pero condenado a seguir la estela del primero. Carrera que pareció querer truncar en Bridgend, su equipo, un neozelandés, un tipo que merecería capítulo en nuestras glosas de malvados, pues el pilier John Asworth grabó sus tacos en la cara de nuestro zaguero. Entre el murmullo de rabia de los espectadores, mientras el árbitro reprendía al infractor, JPR se retiró del campo, suturó su propia herida (ya era un reputado cirujano) y reanudó el juego. Señores, esto es rugby, mal que le pese a quienes menosprecian la épica de nuestro deporte.
Ya sabemos cómo siguió brillando País de Gales hasta 1.978, con la ayuda de JPR, quien continuó en el equipo tras la retirada de los que iban camino del Olimpo, aunque en 1.980 concentró su interés en su carrera médica y no jugó, para reaparecer en 1.981 - ya Gales iniciaba su declive - ante los All Blacks en las celebraciones del centenario de la Wales Rugby Union. Sólo jugaría dos partidos más, victoria por 21-19 ante Inglaterra y severa derrota ante Escocia. Nunca más fueron requeridos sus servicios, pero había cumplido de sobra en sus 55 caps.
Para que no pierdan el gusto por nuestros héroes, aquí les dejo la selección de ensayos de otro ilustre galés, el tercera centro Eddie Butler, hoy reconocido comentarista televisivo, de la escuela del escocés Bill McLaren. Varios de nuestros personajes están representados. Disfrútenlo. Por cierto, ¿saben que Eddie Butler jugó en Madrid algunos meses allá por los primeros Ochenta?
Phil Blakeway.















Diciembre 14th, 2007 at 4:41
Again, enhorabuena por las crónicas que nos hacen recordar un rugby, sin duda ninguna, mucho mejor, pese a quien pese.
Diciembre 14th, 2007 at 11:30
Buenísimo artículo. Muchas gracias por estas clases de Rugby!!!
Diciembre 14th, 2007 at 14:00
Nací en 1965, así que tengo 42 añazos. Me aficioné al rugby siendo un niño de 8 ó 9, viendo por el UHF los partidos del V NACIONES y, sobre todo, los de esos patilludos que maravillaban con su juego alegre pero aguerrido, estilista aunque también fajador, que levantaba pasiones y que hacía que en mi casa mi padre, taurino hasta las cachas, me mirara como al que le ha salido un hijo marciano y que mi madre se echara las manos a la cabeza cuando veía a esos hombretones rebozarse en el barro unos encima de otros intentando conquistar un “melón”. Cuando con 12 ó 13 años en el barrio los chicos hablaban de Cruyff o de Beckenbauer, yo les decía que había uno de Gales con el número 9 que era un fenómeno y que se llamaba Edwards, y las risas se oían a kilómetros.
Se me humedecen los ojos al recordar esos momentos, nunca habrá otros iguales. Te doy las gracias, Phil, por permitirme recordar tan vívidamente esos recuerdos a través de tus impagables relatos. He visto muchos partidos de rugby desde entonces, y he tenido la gran suerte de presenciar algunos fantásticos, pero los recuerdos de la niñez son indelebles y ninguna sensación adulta se puede igualar a la ilusión de niño esperando a que llegara un sábado de febrero para ver y oir a Arms Park cantar “Land of my fathers” ante los orgullosos ingleses antes de destrozarlos en buena lid en un campo de rugby.
Diciembre 15th, 2007 at 11:01
muyyyy buenoooo
Manden mas……….
Diciembre 16th, 2007 at 5:18
Phil: una vez más se me humedecen los ojos. ¡ Que tiempos Archi, qué tiempos !
Diciembre 17th, 2007 at 11:02
No me canso de ver esos videos una y otra vez
Hasta el acento del comentarista es espectacular.
Maravilloso!