Arms Park IV
Enero 23, 2008 by Phil BlakewaySosiégense, amigos, olviden por unos minutos las polémicas de actualidad y echen la vista atrás.
En 1948, al Este de Swansea, cerca de Maesteg, en Nantyfllyllon, en los valles del Sur, nació el que iba a convertirse en alter ego de Gerald Davies en el otro extremo de la línea de tres cuartos de la selección de rugby que hizo olvidar al País de Gales que las minas se cerraban, el delgado jugador que obligó a Morgan y a McLaren a cambiar el nombre del otro Davies y convertirlo en “JPR”, el ala que mejor entendió la patada de Gareth Edwards por el lado cerrado: John James Williams “the Welsh Whippet”.
JJ es otro de esos jugadores que hemos podido disfrutar merced a su inequívoca afición por el código de la vejiga amelonada, ya que representó a Gran Bretaña en atletismo en los juegos de la Commonwealth de 1970, y reunió antes de que fuera llamado a mejores empeños, numerosísimos premios conseguidos en la disciplina en la que se sufre en solitario. Afortunadamente, desde su época escolar, nunca abandonó nuestra fe y en 1973, la llamada a exhibir por vez primera sobre fuego rojo la divisa del ciego bohemio -Ich Dien- le haría permanecer entre los mejores hasta 1979.
Tan brillante deportista descolló sobremanera en la Gira de los Lions de 1974 por la Unión Surafricana. Doce ensayos en total y de los más relevantes, con dos en el segundo test y otros dos en el tercero. Fue la famosa gira en la que por primera vez los europeos vencían en el Veldt (3-0 y un empate), y en la que el dicharachero y jovial segunda línea escocés Gordon Brown, compañero del capitán, el irlandés McBride, encajó uno de las más recordados puñetazos de la historia del rugby, en la batalla del Bloet Erasmus Stadium. Pero esa es otra historia.
En 1975, en partido con Australia, en una de esas raras ocasiones en que el Norte gana al Sur, consiguió su primer y único “hat trick” en test-match, jalón importante para una carrera adornada en total por tres Grand Slams, cuatro campeonatos del Torneo de V Naciones y tres Triples Coronas. En la línea de los galeses de esa época. O tempora, o mores, que diría mi buen amigo Archibald Louveteaux.
Y para muestra uno de los de aquel partido con los aussies. Ya saben, sin aspavientos y dignamente.
Hoy, además de las consabidas horas dedicadas a comentarios televisivos, regenta un próspero negocio y alienta a sus vástagos, alguno destacado atleta internacional. Se ve que los suyos no han imitado a la familia Quinell.
De época muy distinta y de dispar hechura los otros dos tres cuartos que prometimos recordar: Iuean Evans y Scott Gibbs. Dos imágenes nítidas, de uno y de otro. De Evans (geógrafo desempleado cuando debutó con los Diablos Rojos), su serie de contrapiés frente a la Escocia de los hermanos Hastings, en Cardiff, en 1988. Y me perdonarán que repita lo que ya dije:
“Claro que lo mejor estaba por venir. Pocos minutos después los galeses siguen crecidos. Nuevamente atacan y Davies (el balón no era bueno, el Tiburón Blanco había desequilibrado a Young en la melé, en flagrante golpe de castigo) abre de izquierda a derecha, enlaza con Bowen, se intercala Ring, busca el hueco, recibe el apoyo de Hadley previo amago de pase a Thorburn, llega a Ieuan Evans quien se encuentra con toda la segunda cortina defensiva escocesa y el ala Duncan. Quiebra hasta cinco veces, elude en el camino a Hastings, Duncan, Ker, White y Sole quien finalmente le placa cuando posa bajo palos.”
Obvien si quieren mis palabras y mejor, veánlo:
“Homérico”, habría exclamado Mr. Michaeleen Flynn acaso saboreando un buen vaso de Tullamore Dew ” y brindo por esos hermanos celtas… también por los que pierdan”
Del segundo, “el pilier más rápido del Mundo” tal fue su transformación física al regresar del Norte profesional cuando terminó la prohibición en nuestra secta, su ensayo en 1999 en Wembley (Arms Park sufría las obras para el Mundial de ese año) frente a Inglaterra, el que privó a los pommies de un anhelado Grand Slam y a mí de una buena pinta de John Smith’s en un tugurio de Greenwich donde presenciaba el partido (no fue posible conseguir una miserable entrada) cuando al posar el balón bajo palos, inicié una sonora celebración que molestó a algún parroquiano olvidadizo de las reglas de compostura tan gratas a los isleños, y, desconocedor de eso que llaman flema británica, me hizo saber que mi estancia, hasta entonces inadvertida, no debía prolongarse ni un segundo más. Naturalmente, un porcentaje significativo de lo que el tipo farfollaba, en dialecto de estibador muy descontento con el juego de su equipo y tras una considerable ingesta de cerveza, se me escapó, pero sus gestos y rostro descompuesto fueron de lo más ilustrativo. No obstante, la jugada y el minuto de juego en que se produjo, bien merecían mi exclamación: si Neil Jenkins convertía, los del otro lado del Severn ganaba por un punto. Naturalmente, así fue, País de Gales 32 - Inglaterra 31.
Por hoy sobran las palabras. Ya les contaré sus historias.
Ph. B.
Fotos | Sporting Heroes














Enero 23rd, 2008 at 4:51
Una vez más Phil, gracias por estas crónicas que son una delicia leer y releer. Wales forever (”manque pierda”).
Enero 23rd, 2008 at 6:19
Una vez más enhorabuena. Recuerdo perfectamente los dos partidos del V Naciones, si no me equivoco el de Escocia fue un gran partido, con muchos ensayos y alternativas, y el Wembley, pues una más de las cagadas inglesas… ¿Con comentarios de Ramón Trecet? ¿O era ya la època del Plus?
Enero 23rd, 2008 at 6:23
Tito,
el de Cardiff del ‘88 con los “ding-dong” y demás de Trecet, el de Wembley ya era la época del “Canal-Más”, pero yo lo ví con comentarios del mágnífico Bill Mclaren de la BBC…
Enero 26th, 2008 at 4:25
Para Eddie Butler, el ensayo de Scott Gibbs es el mejor de la historia del rugby galés y el de Iuean Evans el sexto.
Bueno Phil, qué puedo decir, gracias una vez más por esos recuerdos maravillosos de épocas pasadas, algunas no tan lejanas, que nos hacen sentir cuanto nos gusta este deporte. Arriba los del puerro.