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Madiba Mandela
por Phil Blakeway • 16 Julio 2008 | 17:05
No, a los negros no les gustaba el rugby. Y que nadie me pida corrección política, la farsa que todo lo pudre. Llamaré así, genéricamente, a todos los surafricanos de origen Xosha, Nguni, Tsonga, Zulú o Swazi y demás, por contraposición a afrikaaners, anglosajones y mestizos o mulatos. Sólo porque hay que describir lo que se cuenta. Digo que no les gustaba, pero en realidad lo que detestaban era lo que representaba: el dominio blanco de los descendientes de los trekkers, la supremacía bóer del Partido Nacional. Era lo usual: silencio ante el Die Stem, y aplausos y vítores para los visitantes, sobre todo si eran los Lions. El delirio si ganaban la serie de test-matches a los aborrecidos Springboks, como en 1974, cuando los británicos de Willie John McBride derrotaron a los anfitriones.
Por eso lo que sucedió en 1995 fue milagroso. Sólo alguien que desde su celducha en Robben Island dispuso de una vida para estudiar a sus enemigos, pudo haber logrado unir a gentes tan diversas tras un proyecto común, del que el rugby no era más que un colofón. Ya sabemos que no fue fácil llegar al N’kosi Sikelel’ i Afrika, que era algo que sólo Mandela sabía, pues lo había diseñado con el tiempo detenido en aquella larga condena, cuando decidió que sus carceleros iban a dejar de ser enemigos.
Rhodesia es el negativo de la fotografía. Algunos recordarán el nombre del conservador Ian Smith, Premier de la colonia que había de ser Zimbawue. Y sabemos que allí también se jugaba un rugby decente. Y ya vemos en que ha quedado todo bajo la férula del sátrapa Mugabe.
Por eso recordamos en estas crónicas por primera vez a alguien que no fue un destacado jugador internacional, pero que hizo uso del rugby para un gran proyecto: el que pondría en práctica desde que en 1990 abandonará el presidio merced a esa jugada táctica de Frederick De Klerk, el Presidente a quien sustituiría en 1994. En esos cuatro años cruciales Mandela evitó la guerra civil a la que muchos querían ir y que pocos meses antes de que Joel Stransky marcara en primer ensayo para los Bokke en el partido inaugural frente a Australia, aun pretendía el General Viljoen.
Naturalmente el rugby sólo era una parte de la estrategia, la odiada religión del opresor, pero había una posibilidad de aprovecharla. Mandela sabía que contaba con el apoyo mayoritario de negros y coloured, a pesar de las trapacerías de Mangosothu Buthezeli y sus Inkhatas o de la villanía de Winnie, la que acabó con el tiranuelo angoleño. Pero el gran hombre estaba por encima de esas vicisitudes, no en vano venía preparándose como un redimido Montecristo. Afortunadamente para todos los implicados el hombre del Movimiento Nacional Africano, el marxista, maduró una respuesta sosegada, inteligente y magnánima. Abandonó la ortodoxia hegeliana y el odio racial y tendió la mano a los de El Cabo, para pisar firme y ganarse a los holandeses después.
El rugby, entonces. La metáfora del Afrikaaner, el calvinista que lleva a sus hijos descalzos a la escuela parroquial, donde juegan sobre maleza apenas desbrozada aprendiendo ya a despreciar el dolor físico, inútil para la mentalidad de frontera de los seguidores de Jan Smuts y del Presidente Krüger. En 1990, lejos de saber si los blancos anglosajones habían de aceptar el gobierno de la mayoría negra, comenzó su labor en libertad. Convenció a su partido para que abandonara su boicot contra el rugby y negoció con Louis Luyt el Presidente entonces de la South African Rugby Board, la segregacionista federación que iba a desaparecer en 1992. Sin embargo, en la primera ocasión que juegan los Springboks, retumba el Die Stem, contra lo pactado, como canto de afirmación frente a la Historia ineludible. Mal augurio. Mandela persiste y logra in extremis que el CNA no de marcha atrás justo cuando la IRB, en una apuesta muy arriesgada y jugándose el futuro de la competición, sólo en su tercera edición, otorga a Suráfrica la organización de la Copa del Mundo. Sin embargo, estalla la violencia, los zulúes Inkhata, los Umkhonto we Sizwe –las bandas armadas del CNA- los paramilitares del Afrikaaner Volksfront y el ruido de sables del ejército, de mayoría bóer.
Mandela no duda, no puede haber ganadores y sabe que se prepara un golpe de mano: Constand Viljoen, el general radical (su hermano Braams se lo ha contado) conspira contra De Klerk, el otro visionario, el que firmaría el acta de defunción del régimen. El arzobispo Tutú le anima: “hable con el general, o habrá guerra, es posible que la haya de todas formas”. El Presidente, el arzobispo y el político ganaron el Premio Nobel.
“General, ¿tomará leche con el té, azúcar quizá?”
Viljoen, dudó, pues oyó esas palabras en su lengua y no lo esperaba. No le dio tiempo a responder, Mandela advirtió la defensa frágil y la aprovechó. “General, no puede ganar”. Lo que siguió es parte de la Historia. Ganó el hombre de Estado, no hubo separación de un pretendido estado blanco, los Inkhata dejaron de navegar entre dos aguas, y en abril de 1994, cuando Viljoen y los suyos se hubieron plegado a lo inevitable, Suráfrica tuvo por presidente a quien lo había merecido. Aun así siguió el Presidente cultivando al General pues temía su potencial desestabilizador y sabía que habría brotes de violencia. Justo un día antes de que los Springboks se anotaran la primera victoria contundente desde su regreso al panorama internacional (frente a Gales, un 5 de noviembre y en Arms Park, cuando vimos por primera vez a los Du Randt y Van der Westhuizeen) Johan Heyns, un moderado afrikaaner fue asesinado. Era un símbolo. Los díscolos desafiaban a los colaboracionistas. La policía fue cómplice. El rey zulú Buthezeli, ministro de Asuntos Internos, espera acontecimientos, le preocupan más los suyos que la República. Pero Mandela mantiene firme el timón, no apacigua, combate a los rebeldes con la Ley y los destierra del futuro. La transición tiene capitán y habrá Copa del Mundo: Pienaar y los suyos, aun el gigantesco Kobus Wiesse, el que no habló con Chester Williams hasta que le endosó cuatro marcas a Samoa, se conmueven con su Presidente, que le visita en sus entrenamientos y acude a los partidos. Y se descubren los xhosas y los zulúes y los tsongas gritando por los Springboks y sufriendo cuando casi pierden bajo aquel diluvio frente a la Francia del malhadado Marc Cécillon (yo creo que fue ensayo) y llegan al paroxismo cuando se enfunda la camiseta con el nº 6 en la final y los All Blacks se dan cuenta de que no sólo juegan contra los Bokke, sino que la Historia les ha convertido en comparsas de algo más grande que el último acto de esa Copa del Mundo. Lomu y Zinzan y Mehrtens saben que no pueden ganar. Eran mejores, pero ni físicamente (una torpe maniobra ayudó) ni moralmente podían. Ni debían.
El próximo día 18 cumple 90 años un hombre decente. Madiba Mandela.
PD. Les abandono hasta bien entrado el mes de agosto. Me merezco un buen descanso este año. Pásenlo bien y no dejen de venir por aquí.

Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.
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Alvarovic
Phil, fantástico, sin palabras, q grande!!!!!
Àngel
Que gran columna Phil.
Que disfrutes de las merecidas vacaciones.
Sam
Me pone la piel de pollo cuando veo a Mandela en ese campo!!!!
Que pasada es increible lo que hizo, hace y hara este deporte por los Hombres y Mujeres del Mundo….
Felices vacaciones a todos
Sam..
cuenca
Si Phil, debe ser que no debían. Y por eso los intoxicaron, no fuera a ser que el mejor equipo de ese campeonato, Fitzpatrick, Brooke, Mehrtens, Lomu, Wilson, Jones, ganara un mundial que tenía que levantar Pienaar con Mandela al lado. Pobre deporte, tan diminuto frente a la real politik.
Juancho
Enhorabuena por un excelente artículo. Sudáfrica es lo que es ahora, en parte, gracias al gran Mandela y a gente como Pienaar
Pero este año quiero que el 3N lo gane NZ…
leo
Me acuerdo como si fuese ayer. ¡Qué decepción para los All Blacks!, pero que util fue esa derrota para Sudáfrica…
PICKEL
Magnífico artículo.
Para saber más, leed a John Carlin, peridodista inglés, columnista habitual de el país, quien ha escrito un libro sobre ésto y que será próximamente llevado al cine; con (como no) Morgan Freeman en el papel de Nelson Mandela.
David Suárez
Buen trabajo Phil, no es que esté completamente de acuerdo con tu análisis, pero en lo básico “chapeau”. A N. Mandela le debemos todos los seres humanos algo más que los premios Principe de Asturias y Nobel. No se si se le podrá rendir el tributo que se merece, espero que Freeman, el actor, se acerque a su grandeza.
Me alegra especialmente el reconocimiento de los vínculos del rugby con la ideología justificadora del Imperio británico, pero esto es propio de otros foros más profundos. Lo preocupante es la actualidad ¿hay involución en el proceso? ¿está contagiandose Africa del virus de Mugabe? ¿se está frenando la integración en el mundo del rugby? La preocupación está en la cabeza del mundo del fútbol que tiene su mundial ahí, proximamente. Espero y deseo que el país más adelantado de Africa, desde el punto de vista ciudadano, siga adelante venciendo obstáculos.
Que tengas buenas vacaciones. Saludos.
Siriwan
Cuando tras ganar la Copa del Mundo le preguntaron a Pienaar cómo se sentía por tener el apoyo de 60.000 sudafricanos hoy, él dijo que no tenían el apoyo de 60.000, sino de 43 millones de sudafricanos. Creo que esa frase lo resume todo.
Sudáfrica es mi equipo desde esos años, en que me enamoraron. Y tengo que decir que tuve miedo cuando se fue Jake White y vi el nombramiento de De Villiers como una maniobra política (en mi opinión Heyneke Meyer, ex Bulls, se lo merecía más) pero De Villiers me está callando la boca…
David Suárez
Perdona la observación, Siriwan, pero ¿es posible la pervivencia del rugby en Sudáfrica sin maniobras políticas? Repásese otra vez la excelente introdución de Phil. El rugby en Sudáfrica es patrimonio de los ciudadanos de origen británico y asimilados (boers y demás). Los 43 millones que contaba Pienaar no estaban detras de él y su equipo, estaban detras de Sudáfrica, simbolizada en aquel momento por ellos (bien podía haber sido el equipo de petanca). Para que el rugby represente algo más que la marca de pertenencia de una minoría, hay que integrar a la mayoría, tanto en los campos como en las gradas, y esa es una tarea indudablemente política, o como dices tu mismo, un conjunto de maniobras políticas, como las que protagonizó el mismo Mandela, incorporando al rugby al patrimonio propio de ese gran país, en lugar de rechazarlo como ajeno a la mayoría. Es curioso el desprestigio que ha adquirido el término político, que hace que tengamos que ingeniarnoslas para no usarlo. Pues si, Mandela es un político (jubilado a medias) y sus actos son políticos, para bien de la humanidad.
Saludos.
Fiji!!!
Saludos a todos!
David, el rugby siempre fue el deporte simbolo de Sudafrica, el mas practicado, en epocas de apartheid los africanos de origen, lo practicaban solo q no podian integrar el seleccionado de blancos en aquel momento de la SARB, por ello estaba indudablemente relacionado a britanicos, boers, y europeos colonos.
El futbol tambien siempre fue practicado pero por gente de color mayoritariamiente pero sin ser la mayoria se entiende el juego de palabras?
Sobre Mandela que decir? un gigante, un excelente politico, una gran persona, pensa que como el caso de Rhodesia ahora Zimbabwe, con Mugabe, Sudafrica podria haber terminado en forma similar, el exodo de europeos existio, pero muchos regresaron… es con conocimiento de causa mi tio vive en Johannesburg.
Es realmente excelente ver la cantidad de jugadores excelentes africanos que empiezan a vestir la camiseta Springbok.
Mi preferido y uno de los mejores pilares de Sudafrica es Lawrence Sephaka, ex Nro 1 entre 2000 y 2006.
David Suárez
Los escasos jugadores de rugby negros (coloureds, creo que se llamaban oficialmente o algo así) de aquella vergonzosa etapa del Apartheid eran vistos como tios Tom por sus paisanos. Está en la Historia y en las historias. El fútbol jugó el papel de deporte-rebeldía, y eso que llevan ganado ahora, de cara al futuro. Así que, blancos jugando al fútbol con negros y negros jugando al rugby con blancos son la medida social de la integración en ese gran país. ¡Qué todo salga bien!
Saludos.