Editorial, Leyendas
Altura de miras
por Phil Blakeway • 21 Enero 2009 | 17:03
Los rugbistas nos preciamos de cierta categoría moral. La ética y la estética de nuestro deporte la determina. La tradición también. Esa sutil transmisión de conocimientos, hábitos, sensaciones y costumbres que van dosificando los mayores para que los jóvenes adeptos queden para siempre incorporados a la secta: lucha, sacrificio, respeto, entrega, combate, amistad, fair-play. Una mirada, un gesto que enseña, a veces, mucho más que una arenga. El zaguero consagrado que da un pase de ensayo al ala novato, cuando un quiebro fácil le hubiera proporcionado su enésima marca. El viejo pilier que concurre ineluctablemente con su bolsa el partido del tercer equipo, esa turbamulta de imberbes y suplentes, por si hace falta echar una mano en el segundo tiempo, aun sabiendo que acabará jugando todo el partido y soportará las quejas de su mujer y de sus gastados huesos, por la noche, después de las cervezas. El consejo quedo del delegado que trota la banda en los partidos de todas las categorías del club cada fin de semana. El que nunca protesta cuando le toca levantar el banderín en el lateral. El padre de aquel jugador que lleva al campo a seis o siete juveniles apretujados en su monovolúmen, o la madre de aquel otro que siempre se acuerda de llevar aquarius para el medio tiempo. Tu madre, o tu mujer, o quien quiera que sea que meta la piltrafa de camiseta en la lavadora tras cada partido. El encargado del botiquín del segundo equipo, donde nunca falta de nada. El entusiasta juvenil que se vuelve imprescindible para dominar a la vocinglera legión de críos que son el futuro del equipo. Mil ejemplos más. Eso es altura de miras; eso es solidaridad; eso es Rugby.
Y sin embargo hay excepciones. Debemos erradicarlas. Tenemos que establecer barreras. No podemos permitir que el Grial que ahora nos toca preservar se enfangue. Los reglamentos de competición y la autoridad del árbitro no son suficientes, aun siendo en nuestro deporte donde, sin duda, más se respeta al mediador. Se impone la autorregulación. La de cada uno, la que sale del alma de quien participa de los valores que conforman el deporte de los villanos jugado por caballeros. Debemos aborrecer las conductas impropias, porque la línea que separa nuestra disciplina de la riña tumultuaria es tan frágil que sólo mentes y espíritus despiertos y alerta serán capaces de preservar el tesoro.
Yo no lo he visto, pero dicen que este fin de semana hubo más que palabras en un campo del Este de Madrid. Dicen, lo he leído en un foro bien conocido, que el asunto fue más allá de lo que suele zanjarse entre árbitro y capitanes, acaso con un sin bin y un “10 metros más”. No hay excusas, eso no debe suceder jamás. Da igual el motivo, porque cada vez que eso sucede, se pierden fieles a la causa y se traicionan los fundamentos del espíritu que nos mueve.
Tampoco son de recibo actitudes veleidosas y arrogantes que desmerecen a quien las practica. Me cuentan también que en otro campo, ahora de hierba artificial, se enfrentaban dos universidades madrileñas, una del Oeste y otra del Sur, regida ésta por alguien que fue la tercera autoridad de la Nación. Que una, la del Sur, concurría con treinta jugadores y la otra con apenas dieciséis, porque coincidía el partido con exámenes de la mayoría. Que a la hora del pitido inicial el delegado de la magra en efectivos sólo pudo reflejar en el acta los nombre de los presentes. Que tres o cuatro más, acabado el exámen que les entretenía, acudieron raudos, y que el delegado de la otra universidad no les permitió jugar. Espíritu mezquino, mentalidad estrecha, contra la naturaleza del rugby: su equipo, el que iba sobrado de efectivos, ya ganaba por cuarenta puntos. Qué desánimo, qué desaliento entre los que se quedaron sin jugar después del esfuerzo del desplazamiento. Qué bajeza contra el rugby y sus fieles.
Conductas indignas aquella y esta, que hay que desterrar. Nos va el futuro en los detalles. En nuestro valor añadido.

Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.
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David-Maldini
Amén.
Rafael Infante
Sin palabras
jugador
bravo!
Shelford
El Espiritu de este deporte es lo que no se puede perder.
lugarca
Ese espíritu del rugby me cautivo desde que, ya mayor y por tener hijos que jugaban este deporte, aterricé en él. Lo veo cada vez más diluido; lo veo con intereses personales por encima de los colectivos; lo veo en que al tiempo en que “doña pastora” se acercó en forma de patrocinios los clubs se destripan entre ello e incluso desde dentro de los mismos clubs hay banderías. Me acerqué, creo que aporté algo y también, creo, que puede ser debut y despedida. Quizás porque jamás jugué un deporte al que, ahora, me hubiera gustado jugar una barbaridad. De todas formas sus valores me siguen cautivando y seré siempre un incondicional de este deporte, más allá de lo que se narra en la segunda parte de tan magnífico artículo. Un saludo, un pasillo y mucho rugby.
Toñín
Ohu yeah, buf esto es RUGBY.
Todo lo demás es pura imitación madinchina.
lobo59
Magnifico Phil,
Como siempre aportando esa cordura, estilo y señorio que caracterizaba (y espero que siga asi) nuestro juego.
Somos nosotros, los que peinamos alguna cana en el mejor de los casos, los depositarios de este legado de valores y los responsables de transmitirlo a los demas a pesar de que el ambiente actual no este precisamente en esa linea.
Si nosotros fallamos fallara todo por lo que las personas como Phil (y las que menciona en su articulo) son las imprescindibles. Las personas y actitudes prescindibles las conocemos todas tambien
Rugby femenino
Hay que ir a los campos de juego a disfrutar del buen rugby. Aplaudir las buenas jugadas aunque no las haga tu equipo. Ser un aficionado incondicional de un equipo es compatible con respetar en todo momento al rival.
rick
Muy bueno Phil, cuantas verdades y que grandes.
yoossie
Me sumo a todo lo expresado por los anteriores: ¡Esto es RUGBY! Si perdemos esa esencia, esos valores ¿qué nos queda? Hay que enseñar a los que crean que esto es un deporte de pegarse, que no, que es un deporte de respeto, por todo y por todos. Y, aquellos que no quieran entenderlo, fácil, que dejen este deporte y punto, no les queremos en los campos (jugadores, entrenadores, aficionados, sea quien sea, que no vuelva). Y, aunque se ha dicho que es culpa de patrocinadores/profesionalización, no digo que no sea cierto, pero observo con envidia como en los campos de la Guinness, la Heineken y demás competiciones mucho más profesionales que la española, los aficionados están unos junto a los otros, compartiendo una cerveza, risas y aplaudiendo tanto a sus equipos como a los contrarios.
Y, como otros han dicho, me acerqué a este deporte por ese espíritu…por favor, no hagamos que todos los aficionados nos vayamos alejando por dejar que esto siga sucediendo.
Errol
Excelente Phil, excelente.
duardrop
Coincido con todos los comentarios. Después de 30 años de rugby a las espaldas mirás hacia atrás y sólo queda lo bueno. Espero que a las generaciones venideras, incluido mi hijo de tan solo 6 años y que ya empieza en esto, les sepamos inculcar los mismos valores que nos transmitieron nuestros mentores en este deporte. Por cierto Phil, en lo único que disiento es en lo del botiquin: cada vez que lo abrías nunca estaba lo que te hacía falta.
lugarca
Duardrop. Cuando has hablado de tu hijo de 6 años ( con esa edad empezó el pequeño mio) he sentido un deseo irrefrenable de agradecerle a mis dos hijos que ellos fueron los que despertaron mi interés por el rugby. Ellos me transmitían sus valores. Ellos se ilusionaban con los amigos que habían hecho en su equipo y en los rivales. La ilusión previa que tenían en visperas de partido era similar a la de la noche mágica de Reyes. Por favor no arrojemos eso a la cuneta.
CHARLIE WOLF
HOMÉRICO PHIL, HOMÉRICO. COMO SIEMPRE. UNA VEZ MÁS HAY QUE RECONDUCIR LA ACTITUD A LO CORRECTO, A LO ESENCIAL, A LO QUE HA HECHO GRANDE AL RUGBY EN CUALQUIER SITIO DEL MUNDO QUE HAYA UN RUGBIER. EFECTIVAMENTE, ES UNA FORMA DE VIDA COMO BIEN DICES: LUCHA, SACRIFICIO, RESPETO, ENTREGA, COMBATE, AMISTAD, SOLIDARIDAD, SANA TRADICIÓN Y TODOS LOS VALORES QUE EL RUGBY ENSEÑA. TODOS LOS QUE HEMOS Y TENEMOS EL PRIVILEGIO DE PARTICIPAR Y DISFRUTAR DEL MUNDO DEL RUGBY DEBEMOS SER FIELES A ESE ESPÍRITU Y ENTREGARLO A LAS SIGUIENTES GENERACIONES LO MÁS DEPURADO POSIBLE, QUE NO TENGAMOS QUE DECIR ¡ O TEMPORA O MORES !
David Suárez
En principio yo tambien me formé en esos “valores”, por lo que igual no debería hacer comentarios, pero no sería fiel a mi mismo si no lo hiciera, dejando a salvo la buena calidad literaria del fondo y la forma de tu escrito.
a) Lo que atribuyes al rugby en exclusiva es propio de otros muchos deportes, luego no hay especificidad en lo nuestro.
b) Los tiempos cambian, y el mundo ya no es el mismo de la Era Victoriana. Si hay que combatir las tanganas, y yo las combatiría con todo el arsenal arbitral, es por criterios de racionalidad, no por razones morales/éticas. Es decir, no podemos pedir a los espectadores que acudan a los campos a ver lo que se ve, por ejemplo, en el segundo partido colgado en Televeo (tres peleas que no merecen otro nombre que ese, en un solo partido). No podemos seguir mirando para otra parte ante los riesgos añadidos de jugar al rugby (no los normales de un deporte, los añadidos por dejadez de los que deberían controlarlo). Esas y otras razones parecidas son las que deberían estar detras de la crítica a lo existente, más que, perdón por la expresión, “monsergas” y moralinas que, para bien o para mal, a gran parte de los jugadores de rugby les resbalan (y no estoy diciendo que sea mi caso).
Una última nota. ¿Porqué un viejo pilier tiene que tener los huesos tan destrozados, por haber jugado al rugby? Vamos a tener que incorporar los criterios de la Prevención del riesgos laborales al rugby, como ya lo hicieron antes otros deportes.
Saludos.
Manoliño Captura
Recuerdo que, cuando jugaba en la liga universitaria (ahí viene el abuelo Cebolleta), llegamos a un partido con sólo 13 jugadores. Los rivales tenían jugadores más que de sobra y nos prestaron a cuatro para poder jugar y tener cambios. Al final nos zurraron la badana cosa linda (ellos eran Cisneros y nosotros los peores, con mucho, del grupo), pero disfrutamos del partido como si lo hubiésemos ganado.
Fiji!!!
Que bien Phil, q bien! un abrazo Fiji-
Phil Blakeway
David, por ahí hay algún post mío en el que hablo de las llamadas “acciones socialmente aceptables” y la Teoría del Riesgo, al hilo de determinadas lesiones producidas presuntamente en lances del juego pero que no resulta ser así. En el foro donde las publiqué ya no las veo, pero buceando en google veo que alguien la copió en otro foro:
“Hay conductas intolerables en el ámbito de nuestro deporte a las que no debemos acostumbrarnos, y que el terreno de juego no es una espacio que se sustraiga a la aplicación general de la ley, puesto que ante determinadas conductas fuera de los cauces que asumimos y que son esperables en el transcurso de un partido, debe ser aplicada la ley común o general, que en este caso y habitualmente toca a la jusrisdicción penal. Ejemplo, para ser gráficos:
1.En un maul me parten la nariz por un golpe cuando tratan de sacarme del flagrante fuera de juego en el que me encuentro: conducta asumible y aceptada por todos, que en todo caso supondría culpa por imprudencia. Se trata de una acción de las llamadas socialmente asumibles, limitada en este caso a los practicantes de nuestro deporte. No debe haber punición más allá de la deportivamente reglamentaria a la que nos sometemos cuando pedimos y nos expiden de la licencia federativa correspondiente.
2.Tras un agrupamiento y cuando el juego se encuentra bien lejos de la posición en que me encuentro, un oponente me rompe los ligamentos como consecuencia de un placaje no ya retardado, sino fuera de lugar, o por una agresión y la correspondiente caida. En este caso hay dolo penal y asiste el derecho al perjudicado de solicitar la tutela jurisdiccional correspondiente.
Todos tenemos en mente situaciones parecidas. Por no mencionar casos españoles que seguramente muchos recuerdan, sólo citaré un ejemplo de jugadores internacionales: muchos se acordarán de un pilier galés (estuvo en Madrid en el Central jugando contra España en 1993) llamado Rickie Evans (cómo no). Pues bien, el famoso “Homme et demi” francés, el segunda gigantesco Olivier Merle le partió, en una agresión deliberada, una pierna en una situación que no fue considerada por el tribunal lance del juego. El asunto se dirimió ante los tribunales franceses y Mr. Merle sufrió condena penal con la correspondiente indemnización civil. Hay en el Reino Unido y Francia multitud de sentencias sobre casos semejantes. Y en España cada vez más. Si no recuerdo mal una de las primeras de la Audiencia Provincial de Zaragoza. Y es que en nuestro deporte, con riesgos añadidos por ser de tanto contacto, como en las artes marciales, es exigible un respeto aun más estricto a las normas y se debe esperar la expulsión de los que no las cumplan, pues de lo contrario la responsabilidad sube hasta quien debe hacerlas guardar. Además es la única forma de depurar a quien no acepta las reglas, no ya de nuestro deporte, sino las que obligan al derecho penal a hacer caer la fuerza coercitiva del Estado sobre ellos, más cuando rige en el sistema el principio de intervención mínima, a saber, derecho y jurisdicicón penal sólo cuando es estrictamente necesario.
Algo parecido ya había comentado en alguna ocasión, pero me parece necesario ser muy exigentes en todo esto”.
Como sabes el ordenamiento penal es, debe ser, en una sociedad civilizada, y así está configurado en España, la “ultima ratio”, a saber, solamente cuando no cabe otra defensa de un interés jurídicamente tutelado, se acude a la jurisdicción penal. Francamente, no es eso lo que quiero para nuestro rugby. Por eso las “monsergas” son necesarias, porque asumir otra cosa es ir a remolque de acontecimientos. No estamos para adaptarnos a la situación, sino para adaptar la realidad a nuestras ideas cuando aquella se desboca.
Con un punto de nostalgia te doy la razón en que sí, eso que digo va dejando de ser propio de nuestro deporte, emponzoñado por el medio desfavorable que todo lo pudre: gratificación instantánea, desprecio por el trabajo en común, admiración por el tramposo, irreflexión y discurso primario, aversión al esfuerzo. Es una reflexión que nos llevaría lejos. Pero como tú dices, ya que has sido formado en esos valores, que me consta que por tu tierra se cultivaban igual que al sur de Pajares, “no mates al padre”. En fin, que veo totalmente compatibles tu punto de vista y el mío. Y lo del “viejo pilier”, pues que quieres que te diga, apretamos los dientes y aguantamos, pero cada vez crujen más. Lo de la Prevención de Riesgos me parece bien, es parte de mi especialidad y no me la aplico.
Gracias a los demás, pues estoy seguro de que el 99% coincide con lo que decimos.
K66
Absolutamente Phil
David Suárez
Sin ánimo de polemizar, Phil, tu tienes tu punto de vista totalmente respetable y yo el mío, solo como aclaración. A lo que yo me refería es justamente a lo que pones copiado, creo que de aquí mismo, puesto que me suena de haberlo leído. Es decir, la erradicación de la violencia en cualquier deporte, incluido el nuestro, emana de sus propias leyes de control (normas), que deben ser aplicadas con la vista puesta en defender los derechos de los jugadores. Los principios éticos están muy bien, pero más allá del respeto al contrario y cuestiones genéricas de ese tipo, carecen de sentido en el deporte moderno. Siguiendo con el ejemplo de las “artes marciales”, es la diferencia entre las “historias” de ninjas y Shaolines y las modernas especialidades.
Resumiendo, reglas claras, aplicación arbitral de las mismas, protecciones obligatorias (¿para cuando la obligatoriedad del protector bucal?), revisión de las situaciones más peligrosas (recuerda que los cuatro tiempos de la mele pretendían proteger a los pilieres especialmente), etc. Todo ello no necesita para nada reglas morales particulares, que son personales de cada uno, ni una ética especial, al margen de la comunmente aceptada en nuestra sociedad.
Como único punto de discrepancia, creo que la legislación penal no debería intervenir en los lances del juego, incluso cuando desbordan al propio juego. Dentro de la cancha rigen las normas del deporte, salvo casos extremos (por ejemplo el uso de artilugios peligrosos del tipo de cuchillas o alfileres, o cuando implican a espectadores o …) y las sanciones, todo lo duras que se quiera, deben ser aplicadas por la legislación deportiva (Comites de competición).
Saludos.
Phil Blakeway
Sí David, la cita que reproduzco es mía, pero del foro de El Salvador y copiada por alguien en el de Majadahonda.
Nicolás
Phil, es lo mejor del rugby, el respeto al rival y la competencia leal. agregando algo a lo que comentas sobre algunos hechos en España que atentan contra la esencia del rugby, aqui en Argentina tambien hubo algunos hechos desagradables tanto dentro como fuera de la cancha que han involucrado a “rugbiers”(lo escribo entre comillas por q no merecen ser llamados asi) en hechos que realmente merecen el repudio total de la sociedad.
saludos, Nicolás
Jorge
Hola a todos. Iba a mencionar una pirula que nos hicieron en un partido en el que el equipo contrario acudió a jugar con tan sólo trece jugadores, pero además quiero dejar una pincelada de la sentencia de la Audiencia Provincial de Zaragoza mencionada por Phil.
En el partido a que hago referencia nosotros convinimos con ellos en que jugaríamos también con trece jugadores, pese a tener dieciséis, al estar ellos mermados de efectivos. En el descanso ellos metieron un par de jugadores más sin advertirnoslo, si bien sí lo dijeron al árbitro sin que éste nos lo señalara. Obviamente fue culpa nuestra (de hecho, mía, pues era el capitán y como jugaba de primera línea no lo pude apreciar a tiempo) el no darnos cuenta hasta que habían pasado ya más de veinte minutos y nos habían metido un par de ensayos. El equipo al que me refiero en cuestión, es de Zaragoza y tiene nombre de ave mitológica. Pagamos la pardillada de jugar limpio con quien no lo merecía (aunque realmente hay que hacerlo siempre).
Como Phil ha mencionado una sentencia de la Audiencia Provincial de Zaragoza, simplemente quiero comentaros que no la saquemos mucho a colación, porque fue una historia muy turbia de rencillas personales (de hecho, yo estaba viendo ese partido y allí nadie se enteró de nada, ni se vió ninguna lesión, ni hubo queja alguna; nadie en el rugby aragonés se podría creer que las cosas acabaran así). Debo señalaros que la persona que interpuso la demanda fue la misma que nos había hecho la jugarreta que os menciono más arriba, y que, merced a sus maniobras (varios de los jugadores de su club nos reconocieron posteriormente de manera confidencial que habían mentido en el juicio) consiguió que el equipo sufriera una escisión que derivó en el nacimiento de otro club. En fin, que aunque el juez dictó sentencia, no todo fue como allí se contemplaba.
Saludos a todos, y lamento tener que sacar asuntos tan feos en un foro así.
Phil Blakeway
Lo importante de la sentencia a que me refiero fue la doctrina jurídica . Ignoro si los hechos probados fueron ajustados a la realidad. Y si hablas por el antiguo Armas, pues toda mi simpatía.
Jorge
Phil, tienes razón en que lo importante es la jurisprudencia que se pueda sentar, pero espero que entendáis que algunos no tengamos mucha confianza en la justicia ordinaria para resolver según qué asuntos.
De los equipos referidos en mi anterior comentario ninguno era el Armas; éste era el de la Academia General, y su comportamiento era siempre ejemplar.
En cualquier caso gracias a Phil, Eñe, Fiji y demás por la página y por estos foros.