Editorial, General, VI Naciones

Edinburgh

por Phil Blakeway • 20 Marzo 2009 | 20:43

¿San José o San Patricio? Qué dilema. Y me dirán: qué tiene que ver el asunto con el título de la crónica. Pues bastante, no ya con lo que les relataré, si su paciencia con mis batallas sigue siendo elástica, sino por la comparación, y que no me lo tomen a mal los lectores valencianos. El caso es que algunos internautas despistados que paran por estas crónicas recordarán que anduve el pasado fin de semana por la ilustrada capital caledonia, por aquello de nuestro bienamado deporte oval. El tiempo moderadamente aceptable, para lo que pinta habitualmente allí: nubes y claros, y fresquito, que agradecemos los de cierta envergadura. El ambiente menos animado que otras veces: se nota la crisis que golpea duro en los dos Estados que ocupan las Islas. Aun así unos miles de irlandeses, que no son pocos, y siempre más ruidosos que unos muy melancólicos escotos. Claro que a estos nada cabe reprocharles, pues su desempeño deportivo viene siendo un desastre desde 1999, para ser exactos, último año (sí señores, el último V Naciones) en que ganaron el extinto torneo, que no el Grand Slam. Así que lo cierto es que al margen del gozo de hallarse en esas frías tierras para tan lúdica ocasión, el observador avisado advierte detalles: hay más pobres aquí y allá y abordan al viandante incluso obviando esa digna contención de que solía hacer gala el indigente británico. Al menos una vez en cada trayecto de ida y vuelta por esa arteria de malta y cebada que es Rose Street, donde, por cierto, se deleita el ojo del rugbier cuando atisba que en más de uno y más de tres locales se destaca la advertencia: “No football colors admitted”. Pero eso son veleidades de amante del oval que siempre ha observado un muy estricto apartheid respecto del forofo futbolero, que en aquellas latitudes se convierte el peligroso hooligan.

Como les decía la presencia de hibernios fue, como siempre, más que notable, hasta el punto de acallar sus gaitas las de los mismísimos locales, no en vano pocos días después era la fiesta del Patrón y había que proclamarlo fuerte y claro. Así que cuando el viajero escucha el sonido de la banda que baja por la archifamosa Royal Mile y advierte que se trata de la Saint Patrick Parade, con retablo del santo portado en volandas por curas a la antigua usanza, se une sin recato a la misma. Qué ocasión, qué día, festivo y religioso a partes iguales, o ¿acaso por allí viene a ser lo mismo? Acabamos en la iglesia homónima, que ya conocíamos y tras unos sones más rotundos de la banda, la concurrencia ocupa alegremente las bancadas del templo: oficio y lectura de los escritos del santo evangelizador del oscuro y ventoso norte donde él mismo nació. Un irlandés de cierto renombre en la ciudad de Nueva York lee con voz poderosa los textos entresacados de las Confesiones del santo. Después del recogimiento, y ya no es sorpresa para los pocos españoles que por allí parábamos, bebidas y canapés. Si es la segunda vez que lo vemos: está claro que rodeados de severos calvinistas se impone una aproximación más amable para el cuidado de la grey de cada confesión. Esta vez, además, tonadas tradicionales en el mismo altar a cargo de pelirrojas tañedoras de instrumentos célticos.

El choque rugbístico entre escoceses e irlandeses ya ha sido contado aquí y allá. Nuevamente las dos aficiones mezcladas y joviales avanzan desde la destrozada Princess Street hasta Murrayfield, fieles al ritual de visita a cada uno de los expendedores de cerveza que por el camino encontrarán. Nosotros nos llegamos directamente al más cercano, en el Murrayfield Hotel, donde ya sabemos del buen sabor y del tamaño de sus hamburguesas y allí, tranquilamente, tras tres o cuatro pintas, esperamos el momento de entrar en el estadio. Timbales, cajas y gaitas resuenan, cortesía de algún regimiento escocés de cazadores de las Tierras Altas cuya numeración no recuerdo. Eso sí, se presentan como soldados de Escocia y muy leales a su reina y a su Reino. Que diferente integración tras la Unión de 1707 con la Unión de 1714 de nuestra latitud, por más que aquella fuera infinítamente más cruel y sanguinaria. Quien no quiera bucear en la Historia será bien servido si lee, pongo por caso, el Kidnapped de Stevenson, por supuesto entre líneas también. Y que distintas prerrogativas y competencias, que el premier Salmond de turno querría para sí. Al final se trata de sentimientos, reales pero también cultivados esmerada y ¿por qué no? arteramente durante mucho tiempo. Banderas al viento, para quien sepa de que hablo y vea las similitudes.

Así que tras el Flower of Scotland y el Soldier’s Song, para los puristas del casi olvidado gaélico irlandés Amhrán Náisiúnta na hÉireann, el ruido atronador de los Tornado de la Royal Air Force que indefectiblemente hacen los honores desde hace unos años a los nobles combatientes de esa guerra limpia que se va a desatar en apenas unos cientos de metros cuadrados, un poco más abajo, que vuelan rasante.

El regreso, por el mismo camino, contentos todos, más los de verde, pero en procesión común, entre sonrisas y paciencia de los cientos de coches atrapados (es costumbre) en el camino hacía el estadio. Si alguno hubo de tomar un avión mala ocasión, sin duda.

Y por qué mentaba a San José. Porque las circunstancias me han llevado al poco, ayer mismo, a presenciar el incendio de alguna falla menor y comparaba con desventaja el sentido lúdico de unos y otros. Atención, que las bandas, cada una en lo suyo, no desmerecen. Pero ¡qué abandono y dejadez y qué olvido de la tradición! No es que el cuidado en el vestir de los atuendos tradicionales no sea exquisito en la mujer valenciana, que no tiene parangón, pero qué desastre en sus pares. Y la música: señores, que el Brasil queda lejos. No avancen tan deprisa por la senda de la fusión.

Que me quedo con San Patricio.

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Mañana todo eso será nada, porque llega otra jornada, la definitiva, y aunque estemos, como dice mi buen amigo Archibald Louveteaux, con el corazón “partío”, que San Patricio les ampare, que otra como esta no van a tener y desde 1948 ya es hora.

Nota Bene: Si quieren disfrutar de un viaje bien organizado, recurran a VIAJES DIVERTIS, no lo duden y me consta que está preparando lo del 2011…

Ph. B.

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Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.

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7 comentarios

  • Desde luego Phil siempre nos deslumbras con tus comentarios, erudición y retorica.
    Es mucho mas profundo que una mera descripcion del ambiente. Es una forma de entender la vida.
    Sigue asi, te necesitamos
    Pd. Esperamos una cronica sobre el trebol y las plumas. Yo se de muchos amigos  que tambien tienen ese corazon partido del que hablas.

  • David Suárez

       No es que quiera avalar el mensaje, Phil, pero me desarmas con el medio. Literatura de la buena. Lástima que los “literatos” no sean historiadores, y lo que cuenten no sea la realidad, sino, bien “su” realidad, bien ensoñaciones muy personales.
       Al final, toda la mística que rodea al rugby se acaba explicando por otros derroteros. ¿O es una pura anécdota la pelea de Chabal con un contrario italiano, durante el tercer tiempo, borracho como una cuba?, claro que tambien se puede explicar como propio de continentales carentes de la flema británica y tal y tal. En realidad, los colores del fútbol a que se refieren los carteles ¿son para el fútbol o para el fútbol rugby?.
       Saludos.

  • Hombre David, si yo entiendo que Chabal (después de ver a la chica en cuestión) se pusiera cariñoso sobretodo después de una pequeña borrachera…pero vamos que lo de Contrario Italiano…ni que hubiera dado a un ala…que se metió con Castrogiovanni…y, fíjate que sólo ha trascendido que le dió un puñetazo y sus compañeros lo arreglaron con los italianos y se lo llevaron a dormirla al hotel…lo que ocurre es que todo lo que haga Chabal tiene publicidad por ser un ser tan reconocido internacionalmente. Pero vamos, la cantidad de casos que se dan al año en el fútbol de chicas que denuncian violaciones en concentraciones de equipos ingleses y demás, o en USA con el fútbol americano o baloncesto…no sé, creo que en todas las casas cuecen habas, pero al menos en este caso, como se dieron cuenta sus compañeros que se pasó…le mandaron a la camita a dormir (y no sé yo quien sería mejor boxeador si Castrogiovanni o Chabal si se diera el caso ;-) )…en otros deportes pasan peores cosas: he leído de peleas al puro estilo del oeste (o más bien como las películas de marines americanos) en bares de jugadores de fútbol, baloncesto…
    Lo de la calidad del escrito…ya sabes que nos encanta como escribes Phil.

  • Por cierto, si no ha quedado claro, no es mi intención justificar su acción…porque me parece moralmente deplorable, sea el motivo que sea el que le haya llevado a meterse con la novia de Castrogiovanni…pero tampoco es para decir que nuestro comportamiento es peor que el de los hooligans ingleses…porque aún no sé de ningún caso en el que haya tenido que intervenir la policia por una “gresca” entre aficionados…o cosa así…

  • David, ni merece la pena hablar del cavernícola, creo que con ocasión del Mundial ya debatimos la cuestión. Y sabes que soy partidario de aplicar la justicia penal cuando procede, aun si es por acciones desarrolladas en el propio terreno de juego, cuanto más si de un tercer tiempo se trataba. Pero no voy a entrar en un debate sobre con el sujeto de protagonista que desmerezca lo demás.

    …lo de los “colores”, pues obviamente estaba referido, con bastante sorna  como puedes imaginarte, a los del football association…Yo llevaba la vieja camiseta del centenario de Toulouse, regalo de mi buen amigo Louveteaux y fuí admitido con alborozo…

    En cuanto a lo demás, que el adobo sea bueno debe juzgarlo el lector y se agradece el comentario amable, pero no hay un ápice de invención.

  • David Suárez

       Como bien dice Yoossie, todo lo que rodea a Chabal huele a dinero de promoción, lo que justifica que gane más fuera del campo que dentro (por cierto, que hablen del rugby aunque sea mal, que todo ayuda a la promoción). Si la borrachera es una justificación o un plus de culpabilidad, que cada uno juzgue según su código moral, y que Castrogiovanni no es un inocente rapazuelo, basta con leer los motivos de la gresca, una supuesta mirada inoportuna de un borracho a su novia.
       Todo eso no hace conocimiento, pero hay un par de cosas que si lo hacen. Uno que era en el tercer tiempo, momento de paz, concordia, camaradería y demás lindezas propias de la hipocresía victoriana (de la muy británica Rª Victoria). ¿Ya no es ese tercer tiempo que se vende en el mismo pack que cierta idea del rugby, que yo considero trasnochada?.
       El segundo dato es la borrachera que acompañaba a Chabal y, presumiblemente a los demás. ¿Con una pinta/caña de cerveza se emborrachan ahora los mocetones de 120 kg. de peso? En mi época teníamos mas aguante. ¿Acompaña la promoción del alcohol a los terceros tiempos o no? En muchos debates que tuvimos aquí sobre ese asunto, todo era mucho más sano, e incluso muchos habian ya cambiado la cerveza por el más “deportivo” refresco.
       Mi tesis, ya repetida, es que hay demasiada hipocresía, demasiado conservadurismo, demasiada ideología panbritánica entorno al rugby. ¿Significa eso, como me aconsejó alguien aquí mismo, que debo dedicarme a otros deportes más racionales? Pues no, porque con toda la carga que tiene tras sí, con todo lo que implica haber cambiado de furibundos amateures a convencidos profesionalizantes, sin que mediase la más mínima autocrítica (algo muy propio, por cierto, de esa ideología panbritánica nacida de su genocida imperio), el rugby tiene futuro. Lo tiene si es capaz de quitarse la capa raida que le molesta. Es mi opinión, que creo enlaza, por la vía crítica, con el panegírico tan bellamente labrado por nuestro Phil.
       Saludos.

  • Archibald Louveteaux

    Phil:  ¡ ALBRICIAS ! Qué delicado manjar literario y descriptivo.  Gracias una vez más por estas exquisiteces que nos regalas. Y, terminado el Torneo, ahora de las seis tribus,  aunque el Dragón herido de mis entretelas haya dejado pasar una oportunidad de, al menos salvar la Triple Corona, ¡ Enhorabuena a los hibernios y una pinta de Guiness brindando por San Patricio!.

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