Editorial, Leyendas, VI Naciones

Innisfree

por Phil Blakeway • 23 Marzo 2009 | 10:33

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Seguro que para algunos de los más vetustos lectores el título de esta columna y el nombre de la verde Erín van indisolublemente unidos. Culpa de John Ford, Victor McLagen y John Wayne, y para los más jóvenes estas son pistas que les llevarán a los buscadores más populares y las referencias quizás les inicien en el culto a la película que transcurre en el idílico pueblecito irlandés y que tanto tiene que ver con el imaginario que los de fuera nos hemos formado de otras tantas generaciones de irlandeses. Y tengo para mí que si no es buen reflejo de lo que fue la Irlanda rural, algunos de los nativos lo han interiorizado de tal forma que ya no se saben distinguir de los personajes fordianos. Personajes sólidos, rocosos y sufridos, orgullosos y ocurrentes, obcecados y expansivos, como los que durante tantos años pasaron por las filas de la selección del Trébol con el anhelo de doblegar al inglés, sobre todo, y si se podía ganar a los demás, pues mejor.

Sesenta y un años son muchos años. Y detrás de los O’Connell y O’Callaghan y O’Leary y Hayes y Horan y O’Driscoll y Murphy hay una legión de viejos jugadores que cimentaron el alma del rugby irlandés, el hermano pobre del preterido V Naciones, al que han sostenido entre penurias y esperas agrias multitud de aficionados que cada invierno desde 1948 se conjuraban delante de su pinta de Guiness para prometerse mejor suerte ese año.

Y al fin ha sido en 2009. Yo los he visto hace apenas 15 días y podré decir que contemplé a la Irlanda campeona y en el fulgor instantáneo de la era de la información sostendré que, sin aquellos otros, los de hoy no son nadie. Sin Mike Gibson, el electrizante centro de paso firme y mirada atenta que jugó en London Irish y Cambridge y que mantuvo el record de caps hasta que se lo arrebatara Malcolm O’Kelly en 2005; sin Ollie Campbell, el apertura que aseguró el torneo de 1982, cuando aun no había premio para el que no lo ganaba todo y a quien vimos jugar en Barcelona aquel mismo año; sin Fergus Slattery, John O’Driscoll o Willy Dugan, portentosos terceras líneas de la década de las patillas, o sin el segunda línea Moss Keane, destacado funcionario del Ministerio de Agricultura que organizaba reuniones en lugares inverosímiles conforme al calendario de sus partidos; o sus compañeros de línea Donal Lenihan, durísimo capitán del equipo de los miércoles de la gira de los Lions de 1989, o Mike Galway o el mejor capitán de Irlanda de todos los tiempos, el gigante Willie-John McBride; o el apertura de pierna mágica Tony Ward, de quien se decía que atesoraba junto con cierta marca de cerveza el mejor activo de la isla; o Noel Murphy, la elegancia del zaguero sobrio y su epígono Hugo McNeill; o primera líneas como Phil Orr, Gerry McLoughlin, Peter Clohessy o Nick Popplewell, quien formara como único delantero no inglés en cierta gira de los Lions en Nueva Zelanda. Sin Brendan Mullin o Michael Kiernan que se las prometían felices con su triunfo en 1985 y que fueron de desastre en derrota desde entonces a su retirada. A qué seguir, si cosechar la Cuchara de Madera se había convertido en costumbre en los Ochenta y Noventa; si visitar el Parque de los Príncipes o Twickenham era sinónimo de muchos y variados ensayos en la marca verde, y sin embargo allí estaban las camisetas del trébol poblando las gradas, festivas, alegres, como trasunto contemporáneo de la mejor tradición goliárdica medieval. Si el camino estaba marcado desde que a finales del siglo XIX, en uno de los primeros choques con Inglaterra, hubo quien arregló la fecha de su boda para conseguir el permiso legal necesario para concurrir al partido, dicen que con conformidad de la novia.

País de Gales no lo mereció, y el azar quiso que Jones fallara el golpe que hubiera quebrado la justicia del drop del errático O’Gara, que poco antes había acertado a devolver aquella exigüa ventaja temporalmente perdida ante los Dragones. A la salud de los viejos guerreros.

Ph. B.

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Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.

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10 comentarios

  • ¿Y Keith Wood? :(

  • "Red" Will Danaher

    Vuelvo a quedar impresionado con las palabras de Phil, en este artículo unes mis dos grandes pasiones: RUGBY y “The Quiet Man”. John Wayne podría haber hecho una gran película encarnando a Willie John McBride con Irlanda o los Lions.
    Desde mis cortos conociemientos de la historia del rugby irlandés al único que no encuentro en tu artículo y creo que se lo merece es al que yo denominaba la “Patata Peleona” Keith Wood, que fue un gran capitán y mostró al mundo ese espíritu combativo de los verdes de la Isla Esmeralda del que han bebido los O´driscol, O´Connell, Hayes, etc.
    El talonador fue el guía en los momentos en que sufrían derrotas a manos de ingleses y franceses con demasiada facilidad.
    Para cerrar mi participación solo quiero decir como buen seguidor de Michaleen Oge Flynn que los últimos cinco minutos del encuentro del sábado, conla lucha de los aperturas en formma de sendos drops, fueron como mi pelea con Sean Thornton al final de la película a la que haces referencia en tu artículo, simplemente “HOMÉRICOS”.
    Saludos desde la vieja Irlanda (aunque solo sea en el fondo de mi corazón).

  • Genial! Solo falto una cosa el viejo y querido Landsdowne Road.-

    En fin, la culminacion de oro para una generacion q siempre se quedaba a las puertas, les llega en su madurez, y se celebra!

  • hermoso partido, jugado con el corazon(reconozco que el mio estaba con gales) y ganado con justicia por irlanda, keith wood el gran hooker de irlanda que en una jugada completamente desafortunada nos saco de la rwc’03 merece ser recordado como una parte importante del rugby de irlanda. y dejo algo a su criterio un comentario, me gustaria saber que opinan… es o’driscoll el gran centro de esta primera decada que ya termina??
    saludos

  • Parafraseando al Sr. Flyn: “HOMERICO”. Y aunque tambien somos muchos con el corazón “compartido” por fin el trebol surge entre cardos, rosas, plumas y gallos
    Esta es la palabra que lo resume todo. Gracias “Red” Will Danaher por mencionarla.

  • Claro que Keith Wood es un fenómeno, pero pasa que esta hecho un chaval: yo hablaba de los VETERANOS…

  • Otro magnífico escrito Phil. Para mi falta Simon Geoghegan, quien era un auténtico ídolo en la isla a principios de los 90.

  • Homérico articulo Phil, homérico!

    ;-P
    PD:coño ya se me ha adelantado lobo59,  je je je je

  • Archibald Louveteaux

    Hoy mismo volveré a ver “The Quiet Man”. Un clásico es un clásico y la ocasión lo merece. A John Wayne y a Victor McLagen la camiseta del trébol les iría pintiparada. ¡Brindo por ello! 

  • He vivido durante casi siete años en la verde Irlanda, de hecho mi novia de aquella época era de un pueblecito llamado Clonbur, al lado de Cong, el pueblo donde se rodó “The Quiet Man” y… madre mía, Phil… pese a pasar por Cong casi todos los fines de semana de esos siete años, jamás se me habría ocurrido escribir una cosa así, y me alegro porque me hubiera salido un bodrio de mucho cuidado, por eso tu escribes y yo me limito a leer :-) .
    Enhorabuena, pedazo de artículo.

    Uno de los que has nombrado es de muy grato recuerdo para mi, Peter Clohessy, “The Claw”. Horas me he pasado en su bar de Limerick, el “Sin Bin” viendo Rugby y tomando pintas, algunas de ellas con su hermano Des, con quien tuve el “gusto” de compartir melé cuando mi club jugaba contra Young Munster. (Dios… aún me duele el cuello sólo de recordarlo…)

    En fin, enhorabuena por el pedazo de artículo otra vez y gracias por traer a mi memoria tan gratos recuerdos de Irlanda!

    Eire abú!!!
    (Que es algo así como nuestro castizo vivaspaña! pero en irish)

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