Internacional, Leyendas

EN LA SEGUNDA

por Phil Blakeway • 1 Diciembre 2009 | 21:10

Maurice Colclough fue un portento de fuerza e intimidación. Un jugador al que primeras líneas como Frank Cotton o Colin Smart le pedían que no empujara tanto, por temor de sus espinas dorsales. Le vi jugar dos partidos del V Naciones de 1984 y en 1986 el Escocia-Inglaterra, donde cometió dos errores tremendos que convirtieron una dolorosa derrota en una debacle, pues dos pases suyos acabaron en sendos ensayos escoceses, de John Rutherford uno y de Scott Hastings el otro, y el Francia-Inglaterra en París de la que fue su última cap. Pero su carrera y su persona fueron dignas de un gran delantero. Con él finalizó una época del rugby inglés y comenzó una travesía seca y estéril que duró hasta 1992.

ColcloughMaurice

Era inglés de Oxford, y pasó gran parte de su vida cambiando de paradero. Educado en la Escuela Militar Duque de York de Dover y en la Universidad de Liverpool, jugó, siempre, de segunda línea, en Roslyn Park, Universidad de Liverpool, en Angulema, donde regentó un conocido bar-restaurante, en los Wasps de Londres y finalmente en el Swansea galés, siempre en movimiento por motivos de negocios. Una vez retirado, como mito viviente, asómbrense, entre los aficionados galeses, se estableció como empresario en Sudáfrica, país que abandonó en 2003 cuando le dieron tres meses de vida como consecuencia de un tumor cerebral, situación que afrontó con parsimonia y cierta distancia, pero que le llevó a regresar a Swansea, más que nada para contrarrestar la inclinación hacia el Dragón de sus cinco hijas, a lo que pudo dedicarse durante los tres años que le quedaban de vida, pues murió en 2006.

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La dureza del rugby galo en la que se desenvolvía como pez en el agua hizo que los técnicos de la RFU inglesa se fijaran en él, así que debutó frente a Escocia en 1978 y a compartir luego con el capitán Bill Beamont, después de pasar 1979 como suplente de otro empresario de hostelería instalado en Francia (Nigel Horton), la segunda línea del equipo ganador del Grand Slam de 1980. A ese destacado entorchado le seguiría la llamada de los British Lions en 1980 por Sudáfrica, donde su enorme fuerza física fue alabada sin ambages por tipos tan feroces como Luois Molmann o Moaner van Heerden (tomen a Victor Matfield y Bakkies Botha y pásenlos por el laboratorio del Dr. Jeckyll y sabrán de quienes hablo) y 1983 por Nueva Zelanda, año en que no se publicó la lista de elegidos hasta que se recuperó de una lesión de rodilla . Fue creado Marques de Colclough por su capitán de 1980 a 1984, el talonador Peter Wheeler, cuando consiguió la única marca de su carrera internacional, en Twickenham frente a los All Blacks de 1983, en la primera victoria de los ingleses frente a los de negro desde que el príncipe Obolensky anotara sus míticos ensayos de 1936. Además fue el alma de los terceros tiempos de Inglaterra durante sus años de blanco, incluso rebasando la línea de lo lúdico por exceso de entusiasmo: durante la cena ritual después de una rara victoria en París los jugadores ingleses habían sido obsequiados con algunos regalos entre los que se encontraba un frasco de loción para después del afeitado. El tipo lo vació y desafió a los delanteros franceses (Paparemborde, Dospital o Haget, nada menos) a una de esas descabelladas competiciones de ingesta de espirituosos a que somos dados los dementes del oval. Cuando el ambiente se calentó, extrajo de su bolsa el frasco de loción y declaró que ganaría el que fuera capaz de bebérselo como hizo él, sin que nadie advirtiera que su contenido real era vino blanco y sin que nadie pudiera impedir que el más entusiasta fuera su compañero de la primera línea inglesa Colin Smart, que ingirió la loción de un trago y acabó en un hospital parisino, grave, como declaró el medio de melé Steve Smith, pero con un aliento fresquísimo.

Tras Colclough y Beamont, u Orwin y Horton, comenzó la era de los gigantes Dooley, Ackford, Bayfield o Johnson. Tuvieron en quien inspirarse.

Ph. B.

Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.

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3 comentarios

  • Jajajaja, menuda anécdota…con compañeros así no hace falta enemigos XD

  • pilier-toledano

    Mariconaditas britancias.
    Cuando yo hice la mili en Ceuta… (historia de abuelo cebolleta) , tenia un compañero gallego, carpintero de profesión, mas bruto que un arao, y que practicamento no sabía hablar castellano pues nunca antes salió a mas 30 km de su aldea, que gustaba de tomarse un Baron Dandy con Coca Cola todas los dias despues de cenar, pues decía que el DYC, que el el wisky que nos permitiamo comprar con nuestro “sueldo” no le sabía a nada.
    Nunca enfermó, nunca vomitó, y doy fé de que gasto al menos seis botellas de colonia a granel de 1 litro, pues yo mismo le acompañé a comprarlas.
    jajajajaja
    Jajajajajaajaj, amigos, a borricos creo que hay poco paises que se puedan comparar con el nuestro.

  • Buenisimo as usual, Phil.

    Muchas gracias.

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