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LA VOZ DEL RUGBY: BILL MCLAREN

por Phil Blakeway • 21 Enero 2010 | 13:06

Billmclaren

Anteayer murió William Pollock McLaren, de los Borders escoceses, de Hawick, al que algunos aficionados conocerán por mis crónicas, aquí y allá. Fue jugador del club de esa localidad escocesa. Jugaba de flanker y a veces se encargaba de las noticias de rugby en la prensa local. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en Italia, en un regimiento de artillería y en 1947 estuvo a punto de conseguir su primera cap con Escocia. Desgraciadamente contrajo la tuberculosis, lo que le apartó de la vida activa durante diecinueve meses. Afortunadamente los antibiótico acababan de comenzar a usarse para la población civil y gracias a la estreptomicina salvó su vida. La enfermedad privó a Escocia de un delantero, pero regaló al aficionado el mejor comentarista de rugby que ha existido. Por establecer un paralelismo hispánico, vendría a ser el Matías Prats Sr. de la BBC.

Comenzó su larga relación con la cadena pública británica en 1953, retransmitiendo un Escocia v. País de Gales, y seis años más tarde ya estaba en la televisión, sin abandonar nunca, como licenciado en Educación Física que era, su compromiso deportivo en Hawick, donde tuteló a jugadores escoceses del prestigio y calidad de Jim Renwick o dos ganadores de Grand Slam, Colin Deans (1984) y Tony Stanger (1990). Es el único personaje que ha sido incluido en el International Rugby Hall of Fame por méritos extradeportivos.

Era Caballero de la Orden del Imperio Británico y abandonó las retransmisiones televisivas en 2002, precisamente en otro País de Gales v. Escocia, donde fue aclamado por todo el público con esa canción tan británica: “for he’s a jolly good fellow…” Ese día declaró en el legendario programa Grandstand de la BBC que sus momentos más emocionantes como comentarista fueron el saludo a los jugadores de Nelson Mandela vestido con el número 6 del capitán Bokke y el Escocia v. Inglaterra del Grand Slam de 1990. Omitió por pudor, aunque lo tenía escrito por ahí, el partido de Escocia en que ganó su primera cap su yerno, Alan Lawson, el medio de melé, que además consiguió un ensayo frente al “auld enemy” del sur, como diría con su fuerte acento escocés, que rebelaban sus marcadas erres y giros idiomáticos, sin que jamás perdiera un ápice de imparcialidad.

McLaren preparaba cada retransmisión con un cuidado exquisito. Garabateaba unas famosas cuartillas coloreadas con profusión y unos tarjetones con los nombre y características de cada jugador que le permitían aportar el dato justo y la nota adecuada en cada ocasión, de suerte que sus retransmisiones eran animadas, didácticas y ágiles. Jamás se perdía una sesión de entrenamiento (de cada contendiente) previa al partido encomendado, salvo una de Australia de la Copa del Mundo de 1999, donde le fue impedido el paso, cuando el profesionalismo empezaba a mostrar su lado más hosco, ese que denunciaba siempre y que como le comentaba a su amigo, antiguo medio de melé de Inglaterra, editor en su día del Rugby World & Post y periodista también Nigel Starmer-Smith, hacía que los jugadores se distanciaran de la gente, que se viera el rugby como negocio y que ya no cupieran en el campo de William Webb Ellis todos los pesos y estaturas.

Pasión por el juego y por Escocia, pero comedimiento y respeto por el jugador y su escudo. Muchos se empaparon del espíritu del rugby con su comentarios y creó escuela, de la que es su primer heredero Eddie Butler, digno sucesor que aprendió a su lado y que tomó el testigo en 2002 con acierto y dedicación.

Descanse en paz la Voz del rugby

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Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.

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