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INVICTUS
por Phil Blakeway • 1 Febrero 2010 | 11:17
He visto Invictus, como dije en su día. Es una película digna, pero sólo porque sabemos que lo que nos cuenta Eastwood responde (más o menos) a la verdad. Si no fuera así saldríamos del cine con una sensación de falsedad. Sin embargo ocurre que a veces, muy pocas veces, historias como esas suceden. Mandela ha sido un político de genio y un hombre de Estado y su peripecia es extraordinaria, más que la carcelaria la que desde 1994 evita que Sudáfrica sea Zimbabwe. De eso ya hablé hace tiempo, así que hoy sólo me fijaré en los aspectos deportivos de la película.
Un partido de rugby es un torbellino de sensaciones que tras un período más o menos dilatado de aprendizaje, se va haciendo relativamerte inteligible. Entonces se comprende que se trata de una batalla que sólo acaba con la retirada del jugador y en la que cada partido no es más que una maniobra en el proceloso enfrentamiento consigo y con el adversario, episodios consecutivos de una coreografía de esfuerzo, sudor y hierro que responde a la sutiles indicaciones que los directores del juego transmiten a sus acólitos. Mil variables sobrevenidas y diez mil reacciones aprendidas. Y un reglamento complejo y una tradición centenaria y una idiosincrasia particular, cultivada con regodeo por los miembros de la secta, que se reconocen como tales allá donde se encuentren y que les convierte en amigables compañeros sin perjuicio del más feroz enfrentamiento entre palos y palos. Y esto, que es ajeno a la gran mayoría de los españoles, que tendrán noticia del rugby y de sus competiciones merced a esta película, es una carencia que tenían Eastwood, Freeman y Damon antes de la película, y se nota. La documentación ha sido minuciosa sin embargo, y se recrean escenas de los partidos tal como fueron, aunque a un ritmo (y no hablo de las tomas detalladas con la acción ralentizada) más propio de un partido de veteranos que de los expedicionarios a la Sudáfrica de 1995, por más que haya entre los que encarnan a neozelandeses y sudafricanos jugadores en activo. Pero no se puede negar que hay también respeto y admiración, la misma con la que sale el público de la sala de proyecciones, que hasta ensaya unos aplausos con la rememorada victoria de los Springboks. Ignoran, claro, que Derek Bevan, bajo el diluvio del King’s Park, hubiera concedido el ensayo a Abdelatif Benazzi si el partido hubiera sido otro, y desconocen, naturalmente, el estado en que jugaron los All Blacks aquella final, por cortesía de Thabo Mbeki. Mas no puede haber nostalgia de lo que no fue y la leyenda ya es otra y así la cantan, de modo que no valen lamentos que ni los presuntos perjudicados, sobrecogidos por lo que vieron, han aireado demasiado.
Para mí la mejor escena de la película, la que muestra sin ambages la grandeza del rugby transcurre muy lejos de los grandes estadios de Johannesburgo o Ciudad del Cabo: es el entrenamiento de los Bokke en el suburbio misérrimo en que se ganan la simpatía de los cientos de críos que se acercan al equipo, los que reconocían solamente al coloured Chester Williams y que hoy juegan al rugby también.
Sólo cabe esperar que lo que salió tan bien, no lo estropeen sujetos como el polígamo Jacob Zuma, alguien a quien la poesía le queda muy lejos. Pero eso ya es ajeno a la leyenda y a la, esta vez, lineal película de Clint Eastwood.

Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.
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jugador
muy bueno el artículo..magnífico como escribes…yo aun no la he podido ver, pero la veré…eso sí, aparte de cómo sea la película, de como estén hechas las imágenes del partido y demás, estos días se está hablando más de rugby que nunca…esperemos que al menos valga para que la gente ya no nos pregunte si jugamos con casco…y esperemos que sirva para que la gente vea que este deporte une, y que no es solo violencia…ojalá repercuta positivamente en que a alguno de los miles de espectadores que la vean se acerque a ver de qué va esto del rugby…e incluso alguno se anime a ponerse las botas para probar…
1 saludo
Tuboramix
Phil, te leo desde hace tiempo, y, aunque nunca he comentado nada, me gusta mucho lo que escribes, además, creo que nos une el gusto por el “rugby del XIX” y el equipo del puerro y el dragón.
Yo ya he visto la peli, y la verdad es que me ha gustado, creo que se trata de una peli que va mas sobre Mandela y su figura como gran político, hombre inteligente e incansable trabajador, pero trata de forma muy digna al deporte que tanto nos gusta, sin caer en demasiados tópicos.
Es cierto, la escena que comentas es de lo mejor de la peli, aunque a mi, la que mas me gustó, fue la escena final, mientras están los subtítulos, justo al final, la última del todo. Os recomiendo a todos que no os levanteis de la butaca hasta que no se apague la pantalla.
No la digo para no desvelar nada a los que no la hayan visto
Salud, República y viva el Rugby
David Suárez
Todavía el sábado una conocida me decía que fulanito estaba muy delgado para ser jugador de rugby, pero seguro que se veian más gordos por los cascos y las “armaduras” que llevaban (ganas dan de llorar). En cuanto a la película, me reservo el comentario hasta verla, pero tras la introducción de Phil, y siendo apasionado del rugby y admirador de Mandela, supongo que no me va a parecer mal.
Saludos.
Guadalpino
Pues el libro es mejor!