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ROCOSOS

por Phil Blakeway • 24 Junio 2010 | 17:15

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Ya saben que estoy ocupado con mi pequeña ofensiva sudafricana para contrarrestar la influencia del más exitoso código “association” caracterizado por la armonia de la esfera, tan sublime y etérea que lleva a los aficionados y practicantes a desequilibrios tan conocidos como la práctica del soplido estentóreo en instrumentos estridentes y el forofismo más inicuo. Por eso había dejado de lado mis delirios sobre la primera línea. Pero no me olvido, y como los Rocosos iban a ser los primeros, a ello vamos. Jason Leonard, Louis Armary, Peter Clohessy, Graham Price, Jim Aitken, Diego Cash, Olo Brown o Enrique “Topo” Rodríguez, eran los primeras líneas que yo calificaba como “rocosos”. Naturalmente, decía, es este un adjetivo arbitrario, que define el común denominador de unos jugadores que, sin demérito de otros antecesores, reunían otras muchas cualidades.

Jason Leonard, el alumno aventajado de John Paul “The Judge” Rendall. Pilar izquierdo de Inglaterra, ganador del Grand Slam de 1991 y 1992, campeón del Mundo en 2003, doce años de dominio absoluto en el lado abierto de la primera línea, en el XV de la Rosa y en los Harlequins londinenses. Sobrio, concentrado, disciplinado, bastión del locuaz Brian Moore, el jocundo, deslenguado y mujeriego comentarista de la BBC; de Richard Cockerill, el descerebrado talonador que hoy dirije a los Leicester Tigers y que allá por 1998 desafió a su par All Black (y maorí) Norman Hewitt en plena haka de su equipo y, en fin, maestro de Phil Vickery y los de su generación.

Louis Armary, francés, de Lourdes, formado a las órdenes del medio de melé más exigente del Heptágono: Pierre Berbizier. Rostro tallado en marmol cincelado por la lucha titánica de los colosos del sur de Francia, nariz hundida y risa estridente en las calles de la villa santuario, doy fe; Peter Clohessy, tabernero en Limerick, berroqueño, años de apoyo a los sufridos Smith o Wood; Graham Price, galés, el último de la troika con Faulkner y Windsor, el que marcó tras setenta metros de carrera en el Parque de los Príncipes en 1976, pero cuyo principal cometido era jubilar pilares ingleses; Jim Aitken, capitán del Grand Slam escocés de 1984, empresario, mangas arriba, el único hombre vivo que doblegó, una vez, a Jean-Pierre Garuet; Diego Cash, el diminuto pilar-talonador argentino, el mago de la bajadita, y qué cerca tenía el pasto cuando se doblaba en un escorzo imposible bajo el número 3 contrario, inútil para el empuje bajo el mando del Puma; Olo Brown, maorí, la mirada de acero, el cuello de toro y el empuje de un percherón, alter ego de Sean Fitzpatrick en su mejor época; Enrique “Topo” Rodríguez, cordobés, Puma y Wallaby, como Patricioo Noriega, compacto, entregado, audaz, a quien vimos en Europa laminar al oso escocés Ian Milne un frío día de diciembre, nieve en el lateral, de 1984, al galés Stephen Jones (¡cómo no!), veinte minutos aguantó el gigante galés el 24 de noviembre de ese año, al inglés Gary Pearce, el pilar que se creía el hombre más fuerte de las Home Unions, dos semanas antes, y al hibernio y bigotón McCoy, ese mismo mes.

Inamovibles, rotundos, firmes, sobrios (quizás sólamento los dos primeros tiempos, de alguno no puedo dar más fe). Anclaje y lanzadera de terceras líneas portentosos, pasarán a la historia por haber permitido a los Calder, Cabannes, Uré, Travaglini, Back o Skinner lucir sus habilidades y aterrorizar a los medios contrarios.

Sí, hablaré de ellos con más detenimiento, cuando acaben los fastos que concitan la atención del Orbe, porque estas líneas son sólo un recordatorio conveniente, ya que hay, y hace tiempo que no lo encontrábamos, un aspirante, el inglés Dan Cole, coartífice del mejor desempeño de la primera línea inglesa desde la época de Phil Blakeway, demoledor en los dos partidos frente a Australia jugados este mes, acierto indudable del dubitativo Martin Johnson. Dará que hablar.

Ph. B.

Phil Blakeway es nuestro especialista en rugby en blanco y negro. Impenitente crítico y viejo partidario del siglo XIX.

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7 comentarios

  • Me rejuvenece y añoro aquellos tiempos, cuando los primeras líneas alcanzaban su plenitud pasados los 35 años! Te olvidas de la extrordinaria primera línea del Wasps, formada por el citado Rendall, Probyn y el talonador que no alcanzó fama en el primer equipo del XV de la Rosa, aunque sí calentó banquillo y tuvo honores en el equipo B. Los tres juntos superaron las 100 apariciones con los londineneses, en tiempos en los que todavía no había liga establecida en Inglaterra.
    Eran jugadores que veíamos año tras año en el V Naciones, y que nos permitía identificarnos más fácilmente con algunos colores. Eran otros tiempos.  

  • No me olvido, ¡voto a tal!, que Probyn y Rendall no van en la categoría de Rocosos… Además te demostraré la razón por la que los tengo presentes.Ya imaginas quien es el del centro.

    escanear0040.jpg (69 KB)

  • Phil, ya que estamos, al final de la serie podrías incluír una serie sobre los primeras de España, tanto los de antes como los de ahora…me interesa tu análisis de los chicos actuales, y me gustaría conocer más a los más mayores…Un saludo, y, como siempre, impresionante tu artículo.

  • muy interesante la sugerencia de yoossie ya que no conozco demasiado de primeras lineas españoles. por lo pronto hay uno de 24 años que ficho por leeds y es español. se va a sumar junto al habitue de los seleccionados argentinos juan gomez que es un primera lina terriblemente dinamico… puede aprender mucho ahi.
    saludos y excelente articulo

  • Tomo nota Nicolás, que hace tiempo que no hablo de la historia local.

  • Como siempre un deleite leer tus atinados artículos. Sólo un pequeño error, facilmente achacable a tan nutrido grupo de nombres: Eduardo Noriega es un actor español, Patricio Noriega es el pilier argentino, que terminó siendo Wallaby, al que aludes.

  • Gracias, Cuenca, naturalmente tienes razón y corregido queda. Es que la edad no perdona y las sinapsis se van entumeciendo.

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